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lunes, 21 de diciembre de 2009

La parábola del árbol

El jeque Abdul – Qadir de Gilan, en sus 27 directivas del Futuh al-Gahib, invita a sus oyentes a pensar en el bien y en el mal como dos frutos del mismo árbol. “Acércate al árbol y conviértete en su guardián y solicito siervo y adquiere conocimiento de esas dos ramas y de los dos frutos y de sus alrededores y permanece cerca de la rama que produce el dulce fruto; entonces este será tu alimento y fuente de poder, y guárdate de acercarte a la otra rama y comer el fruto, pues su amargura podría matarte… y cuando estos frutos sean llevados ante ti y el dulce no pueda ser distinguido del amargo y comiences a comerlos entonces… puedes poner el amargo en tu boca”.
Idries Shah

miércoles, 28 de octubre de 2009

Potencialidad y función

Pregunta: ¿Cuál es el valor de los ejercicios espirituales?
Respuesta: Te contaré una historia

El juego de ajedrez
Cierto paisano estaba aprendiendo a jugar al ajedrez. Se sentía bastante confundido porque la pieza que conocía como castillo era algunas veces también considerada como elefante, otras veces como castillo, también como torre, etc.**
Por fin logro aprender los nombres y el juego comenzó.
En pocos movimientos, su maestro le comió uno de sus castillos. Levantándolo con furia el paisano aplastó la pieza con su pie, diciendo:
- ¡Si, tienes muchos nombres y te mueves de muchas maneras, pero en acción no sirves para nada!.
¿Cuál es el valor de cualquier cosa?
El valor de los ejercicios espirituales es ser de valor para aquellos a quienes están dirigidos. El interés humano debería suministrar la base correcta para el ejercicio, no buscar el ejercicio en sí mismo. El ejercicio está allí y la necesidad está allí. ¿Cual es el estado del individuo? Saadi, en Jardín de las rosas dice :
El santuario está enfrente, el ladrón detrás:
si avanzas, ganas, si te duermes, mueres.

Si realizas ejercicios espirituales sin ser aun capaz de distinguirlos de las actividades emocionales, estarás sólo agregándolos a tu vida emocional. Es por eso que siempre son prescriptos en las autenticas escuelas, no como los sistemas circenses que monta cualquiera en los cultos imitativos.
Quizás una de las mejores formas de recordar esto es relacionarlo con el relato del gordo que comía un enorme plato de comida. Alguien le dijo:
- ¿No estas a dieta?
- Sí- dijo el gordo – pero ya tuve mi dieta hoy. Esta es mi cena.

El condicionamiento puede ser tan absorbente que abarca sistemas que en su origen eran flexibles y específicos, dejándolos por lo general irreconocibles, aunque desafortunadamente no carentes de popularidad.
Esta situación ha generado un chiste bastante insípido, pero que sin embargo tiene cierta cualidad amenazadora:

¿Sabes tú quien soy yo?
Un derviche errante se sentó junto a un hombre de aspecto desgreñado que encontró en el camino. Este comenzó a decir:
-No puedo orar, no puedo comprender los clásicos Sufis, no me gustan los ejercicios esotéricos…
- ¿Por qué no dejas todo eso?- aconsejó el derviche
- ¿Cómo podría hacerlo? Soy un famoso “maestro Sufi” en estos temas…

Idries Shah

jueves, 22 de octubre de 2009

Cuento

Junaid y los estudiantes celosos

Un día, cuando algunos de sus 20 estudiantes mostraron celos de su afecto por uno de ellos, Junaid hizo pública esta ilustración. Es una parábola en acción cobre la que conviene reflexionar.

Llamó a todos sus discípulos y les ordenó que le llevaran veinte aves. Luego cada uno de ellos recibió instrucción de tomar un pájaro, llevarlo a un lugar donde no pudiera ser visto, y matarlo.
Cuando todos volvieron, los pájaros estaban muertos: todos excepto aquel que el estudiante en discusión había escogido.
Junaid le preguntó, en presencia de los otros, por qué no había matado al pájaro.
- Porque me habéis dicho que lo llevara un lugar donde yo no pudiera ser visto, y no hay tal lugar: Dios lo ve todo – respondió el hombre.
La dificultad de la transmisión de conocimiento está ligada con la orientación del estudiante. Esperar el conocimiento no es suficiente. Como hemos visto en el caso de los estudiantes de Junaid, sólo uno entre veinte actuó en concordancia con sus propias creencias.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Verdadera enseñanza

Las enseñanzas que se presentan bajo nombres de antiguos maestros no representan sus verdaderas enseñanzas
En el mejor de los casos, consisten en fragmentos que a otros les ha parecido conveniente transmitir.
El resultado es un sistema de encarcelamiento.
Esta es la causa de que haya una necesidad constante de verdaderos intérpretes y de hombres receptivos que pueden expurgar las acrecencias y añadir los elementos ausentes. Y se les necesita todavía más para adaptar la enseñanza a los requisitos de cada lugar.


La simplificación y la sistematización de ideas tan solo pueden llevarla a cabo los individuos capaces. Estas tareas, sin embargo, casi siempre las intentan personas incapaces. La calificación básica para ser capaz de simplificar es un conocimiento completo de los materiales.

Idries Shah

jueves, 30 de julio de 2009

El secreto del secreto

La paradoja Sufi, “El secreto del sufismo es que no tiene en absoluto ningún secreto”, significa que lo que es secreto y oculto para los que no comprenden el sufismo, los Sufis lo comprenden y lo experimentan, y por lo tanto deja de ser secreto en absoluto.
La palabra Sirr, por lo general traducida como “secreto”, en la aceptada terminología Sufi significa “la conciencia mas profunda del hombre”. De modo que, si la conciencia mas profunda no es conocida por su poseedor, permanece para él “secreta”. Y, en el nivel verbal, donde por definición la conciencia no puede ser experimentada, solo referida a, permanece por esta razón “secreta”, “oculta”.
Una de las facultades de los Sufis es que pueden ver a través de lo externo y el autoengaño de los otros, y así son capaces de enseñar a estos prisioneros del yo secundario a lograr el “secreto” real, la conciencia mas profunda, interior.

Idries Shah

viernes, 24 de julio de 2009

Quien guarda el manto

Attar, en su Memorial de los santos, cuenta una historia del gran Sufi Habib Ajami, cuando éste fue a un río a lavar y dejó su manto tirado en el suelo. Hasan de Basra, que pasaba por ahí, lo vio. Pensando que alguien debía cuidar esta pertenencia, permaneció haciendo guardia hasta que Habib retornó.
Hasan preguntó entonces a Habib a quién había dejado al cuidado del manto.
-¡ Lo he dejado al cuidado- dijo Habib- de aquel que te dio a ti la tarea de vigilarlo!.
Esta anécdota, que intenta indicar la forma en que los Sufis resuelven sus asuntos, es con frecuencia considerada por los burdo imitadores como algo que deben copiar, de modo que prueban al “destino” abandonando las cosas y descuidando las obligaciones, y obtienen los resultados que corresponden a su ignorancia.

miércoles, 22 de julio de 2009

La generosidad real y la relativa

Los tacaños

Un hombre oyó hablar de los apuros de otro mientras estaba reunido con algunos amigos. Se sintió de inmediato conmovido y entregó una suma de dinero para que se le diera al infortunado.
Otro, que no había oído de ningún caso en especial, cuando tuvo dinero salió en busca de alguien que estuviera necesitado. Le preguntó cuales eran esas necesidades y las satisfizo.
¿Cuál de ellos era en verdad un hombre generoso?
La respuesta es …ninguno.
Ambos eran generosos dentro de los límites convencionales.
Hacían lo que les habían enseñado hacer.
Estas formas de generosidad son suficientes solo en el mismo comienzo de la generosidad.
Más allá está el estado para la cual estas otras formas son supuestamente preparaciones.
Debido a que la gente rara vez pasa de los estados preliminares, estas formas inferiores son consideradas como el súmmum de la generosidad.
La verdadera generosidad es cuando un hombre hace algo generoso sin que nadie se entere, o cuando sabiéndolo otros, rehúsa cualquier tipo de merito por su generosidad, tanto del receptor como de algún otro.
La verdadera generosidad es anónima hasta tal grado, que un hombre debería estar preparado aun para ser considerado como tacaño, antes de tener que dar explicaciones a otros.
Este tipo de generosidad, en bienes, en obras y en pensamiento, es deliberadamente cultivada en las filas del Elegido y practicada por quienes desean entrar en sus filas, sin ninguna excepción y sin descanso en su práctica.
La generosidad también se caracteriza por hacer lo que uno dice que hará. Saadi enseña: “Cuando los generosos prometen, cumplen”.
No ser codicioso, es, paradójicamente, la más elevada forma de mirar por los verdaderos intereses de uno.
La codicia os daña: la generosidad os ayuda.
Por eso se ha dicho: “La codicia es la madre de la incapacidad”.

Idries Shah

martes, 14 de julio de 2009

Una empresa se mide por su intención no por su apariencia

Pregunta: ¿Puede usted comentar la declaración: “El éxito de una empresa se mide por su intención, no por su apariencia?

Respuesta: Esta declaración es más simple de lo que parece, a pesar de que encubre alguno de los malentendidos del pasado.
Si alguien trata de cavar un agujero, la intención es cavar el agujero. El éxito de cavar el agujero será que el agujero sea verdaderamente cavado. Pero, en apariencia, el hombre puede estar tratando de encontrar oro. Si el observador piensa que la intención es encontrar oro, llamara al agujero “un fracaso”.
Lo mismo sucede con enseñanzas, instituciones, teorías, etc. Muchas han sido éxitos que parecen ser fracasos, porque la intención oculta no era entonces ampliamente conocida.
El peligro de esta situación es doble:
Que los observadores autoelegidos puedan confundir las intenciones por completo.
Que la gente, que originalmente intenta el éxito a determinada escala, pueda caer en la tentación de producir lo que fácilmente puede ser llamado “un éxito” en alguna otra escala.
El mecanismo psicológico existe allí donde un individuo pueda convencerse a sí mismo de que verdaderamente trataba de hacer algo diferente de lo que verdaderamente hacia, de modo que pueda cosechar el “éxito”, y esto es de igual modo cierto en las sociedades.
El progreso humano se hace lento o se detiene cuando la gente tiende al éxito evidente (éxito medido para que la gente pueda fácilmente describirlo como éxito) y pierde el ímpetu por el éxito de la intención.

Ejemplo de “falso éxito”:
Cuando Mulá Nasrudin, al caer de su borrico, se echa a reír como se fuera una travesura y dice: “De cualquier modo, tenia que bajarme”.

Ejemplo de “verdadero éxito”:
Cuando un equipo de médicos vacuna a toda una población contra un organismo endémico, piensen o no los habitantes que éstos están realizando un ritual mágico.

Ejemplo de “posible ingrediente de éxito, no esencial a este”:
Cuando algunas personas, o incluso todas, las personas vacunadas aprenden el trasfondo y propósito de la vacunación.

Idries Shah

jueves, 25 de junio de 2009

Donde encontrar la verdad

Es necesaria una preparación muy cuidadosa antes de que la gente pueda percibir algo que esta allí todo el tiempo.
Saadi de Shiraz lo expresó correctamente en términos poéticos, cuando dijo: “El adepto observa la misma cosa en un camello que en las maravillas de China o Chagil”.
Luego, por la aplicación de una cierta capacidad de concentración, algunas personas inducen a otra a exteriorizar sus pensamientos internos como método de enseñanza. Estos pensamientos delatan el carácter y operatividad del yo secundario, la personalidad falsa que, a pesar de permitir que la gente maneje muchas de las circunstancias de la vida, tiene como objetivo el mantenimiento de si misma y no el progreso del individuo más allá de sus estrechos y superficiales límites.

IDRIES SHAH

miércoles, 24 de junio de 2009

La analogía del jardinero

Hasta que puedas ver por ti mismo, clara y constantemente, lo que en realidad eres, tienes que depender de las evaluaciones de tu maestro; como la comparación que hace Rumi del jardinero:
“Un jardinero entra a un huerto mirando los árboles. Sabe que éste es un datilero, que ésa es una higuera, ese otro un granado, un peral o un manzano. Para hacerlo, no tiene que ver la fruta: sólo los árboles”.

martes, 16 de junio de 2009

Reflexiones

El último grado de lo absurdo, que incapacita para la verdadera enseñanza mas allá del estadio que has alcanzado, es imaginar que una cosa es otra. Si crees que un libro es un bocadillo puedes comerlo, y no serás capaz de aprender que un libro puede enseñar. Si también, imaginas que eres “abierto” o “trabajador” o ansioso de aprender, cuando sólo estas realizando un juego social, no aprenderás nada. La gente que rehúsa efectuar ese juego contigo también, por supuesto, tarde o temprano te aburrirá.

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Las organizaciones humanas pueden tomar dos formas: entidades que están establecidas para expresar u obtener las aspiraciones de sus miembros o entidades que existen para adquirir o proveer algo que es necesario. Querer y necesitar no es la misma cosa. La diferencia está en la información. Si la gente sabe lo que necesita, no confunde querer con necesitar.

Idries Shah

jueves, 11 de junio de 2009

Puntos de estudio

Recuerda que la codicia incluye la codicia de no ser codicioso. De modo que si alguien dice: “No seas codicioso, sé generoso”, debes interpretar internamente que de esa manera desarrollarás una codicia a la generosidad. Esta sin embrago, continua siendo codicia.

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Hay algunas cosas que tienes que hacer por ti mismo. Estas incluyen familiarizarte con los materiales de estudio que se te dan. Puedes realmente hacer esto – y así conseguir autenticas cualidades- si suspendes la indulgencia hacia el deseo de satisfacciones inmediatas.

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Si estas acostumbrado a que las presiones sociales, psicológicas y de otro tipo del mundo cotidiano te sostengan y protejan, hay un sentido en el cual no existes en absoluto.
La gente que se desploma en la atmósfera derviche- poco opresiva, por lo general- y quien se siente relajado, se vuelven aburridos para los otros o buscan atraer u obtener atención: se harán pedazos y nadie podrá ayudarlos.



Idries Shah

martes, 9 de junio de 2009

Un puente y su utilidad

Parecerá poco probable, pero no es una exageración decir que la gente ignora, e incluso desprecia, los materiales que podrían ser su única esperanza de escapar del pensamiento circular.
He aprendido más de la gente, de las cosas y de las ideas que muchos consideran irrelevantes, superficiales o aún inútiles, que de materiales mucho mas divulgados y burdamente destacados.
La gente que no puede o que no quiere aproximarse a estas fuentes de conocimiento, puede aceptarlas si se las expone de una manera que estén preparadas para aceptar. Esto indica las serias limitaciones de aprendizaje impuestas por la negativa de muchas personas a observar algo que les parece inservible, juzgado desde su exterior.
Pero ésta es sólo la primera parte de un proceso. Puedes “popularizar” o hacer admisible algo, pero en algún momento debes dirigir la atención hacia la cosa original.
Si debemos actuar como un puente, debemos cumplir la función de un puente, que es conducir algo de un lado al otro lado.

Las dimensiones de un pie
Recuerdo el caso de una persona que fue capaz de comprender esto, y por tanto se volvió sensible a la existencia y operación de una escuela Sufi que era imperceptible para otros, simplemente dirigiendo esta declaración de Rumi, en su Fihi ma Fihi:
“Soy un zapatero con mucho cuero, pero lo cortaré y coseré de acuerdo con las dimensiones del pie”.
Idries Shah

lunes, 8 de junio de 2009

La confusión como problema personal

Pregunta: ¿Qué puedo hacer con mi confusión e inutilidad?
Respuesta: Las personas que piden ser libradas de su confusión deberían primero tomar nota de estos tres puntos:

1. Deberían estar satisfechos de que yo, o algún otro, nos hayamos ofrecido para eliminar la confusión y estados similares. Los Sufis no lo hacen. Tienen, por lo tanto, que seguir la pista del ofrecimiento – si lo hay – para eliminar la confusión y aplicarlo a quienquiera que haya hecho la oferta. Si la “oferta” surgió de hecho en la mente del aspirante, éste debería reconocerlo.
2. Debería advertir que la confusión y estados similares pueden con frecuencia ser una protección. La niebla puede no gustarnos pero, si nos esta protegiendo de un tigre devorador de hombres, es mejor tenerla. Hay demasiados casos en los que la gente debería dar gracias a sus confusiones, que son escudos, en lugar de tratar de eliminarlas antes de ser capaces de enfrentarse con lo que hay detrás.
3. Muchísima gente, y esto es por supuesto bien reconocido hoy, crea y mantiene su propia confusión, aun cuando imagina que intenta escapar de ella.
La confusión proviene de no prestar atención a lo que debería ser atendido en primer termino. El problema del confuso, por ende, es que debería ser consiente de esto, usando primero su sentido común para observarse a sí mismo y pensando menos en la confusión. Recuerda el proverbio: “Una señal es suficiente para el vigilante, pero miles de consejos no son suficientes para un negligente”.
Como un síntoma de inutilidad, hay límites a esto como lo hay a su opuesto. Saadi destinó este poema – que os traduzco del persa – a hacer ver que el problema es un problema de perspectiva:

Una gota que caía de una nube tormentosa
se sintió turbada por la extensión del mar:
“¿Quién soy yo ante la vastedad del océano?
¡Si así es El, yo no soy nada!
Mientras se veía a sí misma con el ojo del desencanto
una concha la cobijó en su seno.
Tanto nutren los cielos las cosas
que la gota se trasformó en una célebre perla real:
nacida de lo alto para caer en lo bajo
golpeó la puerta de la nada:
hasta que el ser advino.

La convención poética persa afirma que una perla es una gota de lluvia trasformada.
Tu confusión se debe a que no obtienes lo que quieres; y tu sensación de inutilidad es algo que sientes que tienes y no quieres. Uno de los Sufis ha señalado, con respecto a este mismo problema doble:
“Debes esforzarte en ser paciente tanto con lo que quieres como con lo que no quieres: pues ambos te pondrán a prueba. Ejercita los dos tipos de paciencia y merece el nombre de ser humano”.
Idries Shah

viernes, 29 de mayo de 2009

La capacidad es anterior a la opinión

Pregunta: Algunas personas dicen que pueden aprender del estudio de los libros, otras que no hay nada útil en ellos, mientras que otras dicen que aún no han encontrado los libros correctos. ¿Cuál es su reacción ante este tipo de opiniones?

Respuesta: Lo mejor que puedo hacer es repetir un viejo relato contado por un Sufi. Describe cómo una vez buscaba libros y no los encontraba; luego los encontró y pensó que todo estaba en ellos; luego decidió que no había nada en ellos. Por fin, sólo después de haber atravesado todas estas fases – y hay fases -, advirtió qué libros le eran útiles y cual era su verdadero uso.
Lo erróneo era su actitud de aceptar o rechazar libros antes de haber obtenido la capacidad de estudiar el asunto apropiadamente. Se formaba opiniones sin desarrollar primero capacidades ordinarias adicionales; y pedía cosas sin ser capaz de sacar provecho de ellas.
Debería haber comenzado con más sentido común.
Rumi habla de personas que se fían tanto de la palabra escrita que a veces no son más que asnos cargados de libros.
¿Por qué la gente siempre pregunta si los libros con buenos, sin preguntarse hasta qué punto están en condiciones de obtener provecho de ellos?
La primera vez que me enseñaron esto, me dieron este dicho para que, evocándolo, pudiera otra vez experimentar la vacuidad de las discusiones sobre libros, tal como se llevan a cabo en muchos círculos:
“La independencia prematura es la hija de la vanidad”
Si escribes la pregunta que me has formulado y la contemplas, verás- creo (y espero)- que no es una cuestión sobre la enseñanza Sufi, sino sobre los libros. La pregunta se concentra en la idea sobre los libros, no en las ideas que hay en los libros.

Idries Shah

sábado, 25 de abril de 2009

EL HOMBRE SABIO



“Sabio” es una de esas palabras que la gente no ha sido lo suficientemente sabia para definir con precisión. Uno se encuentra constantemente con personas a las cuales se denomina sabias, pero que al parecer tan sólo han impresionado a otros. “Sabio”, evidentemente, no es un término absoluto; alguien puede ser sabio en relación a unas cosas y no serlo con respecto a otras.
De manera que, ¿hasta qué punto es sabio el sabio? ¿Qué importancia tiene para tu propia vida la sabiduría de alguien? ¿Hasta qué punto el listo lo es en realidad?
Pienso que vale la pena examinar la historia del pájaro listo. Este es un cuento muy antiguo. Lo que descubras en él dependerá en gran medida de donde estés en el momento en que lo escuches.

Cada año, un pájaro amante de la paz ponía una nidada de huevos. Con la misma regularidad, un zorro, en cuyo territorio el pájaro anidaba, aparecía y obligaba al pájaro hembra a arrojarle dos de sus polluelos, que el zorro se comía.
-Es mi derecho- decía el zorro-, y si lo rechazas subiré y me comeré todos tus polluelos.
Un día, cuando la desventurada ave estaba acurrucada con sus pequeños, esperando tristemente la llegada del zorro, un pájaro mas sabio bajó volando y se posó cerca de ella, que le contó sus problemas.
-La solución es fácil- dijo el pájaro mas sabio-. Los zorros no pueden trepar a los árboles. ¡Pon al descubierto su engaño!
Aunque asustada, el ave siguió el consejo. El zorro se enfureció al oírla.
-¿Quién te ha dicho a ti que no puedo trepar a los árboles?- preguntó.
-El pájaro listo. El es muy sabio.
El zorro se fue y permaneció al acecho hasta que encontró al pájaro listo encaramado en una rama; se puso a hablar con él.
-Dime- dijo el zorro, tras haber intercambiado algunas observaciones generales-, ¿Qué haces en invierno? Los zorros tenemos madrigueras para resguardarnos, pero los pájaros no parece que dispongáis de refugios adecuados.
-Eso es muy fácil- le dijo el pájaro-, descendemos hasta los setos y metemos la cabeza debajo del ala.
El zorro sacudió la cabeza, como si estuviera perplejo.
-¿Cómo lo hacéis exactamente? Debe de tratarse de algo muy ingenioso…
-Te lo mostraré si así lo quieres- dijo el pájaro.
Descendió volando hasta el seto, que, como era verano, no tenía una gran espesura, y se posó en él, metiendo la cabeza debajo del ala.
El zorro se abalanzó sobre él y lo engulló.
Todo el mundo puede ser listo cuando se trata de los problemas de otras personas – eso dice una interpretación de esta historia-, pero no es tan fácil aplicarse la sabiduría a uno mismo.
Idries Shah

lunes, 20 de abril de 2009

Libros y lectura

¿Ha observado algo acerca de los libros y de los títulos de los libros?
Si en una conversación o en un artículo menciono un libro, incluso como una referencia a pie de página, la gente se apresura a obtener un ejemplar. Si recomiendo un libro (lo cual es raro), salen corriendo a obtener una copia. Si alguien menciona que me he referido a un libro, la gente se apresura a conseguir un ejemplar.
Si le pido a alguien que me consiga un libro, otros salen corriendo a obtener un ejemplar.
Todas estas personas están haciendo lo mismo (apresurándose a obtener un ejemplar) como resultado de varias intenciones diferentes. En un caso, el libro se menciona solo para dejar identificarlo; en otro caso, porque su lectura beneficiará a alguna gente y no a otra; y aún en otro caso, porque tengo el propósito de anotar o traducir ese libro, ya que la versión existente es inadecuada o incorrecta.
Detrás de toda esta actividad de lectura de libros, lamentablemente, se esconden dos factores inaceptables. Se trata de:
Cierto tipo de codicia, un tipo de sentimiento primitivo de que existe algo en “el libro”, que atrapa a las personas porque su avidez es superior a su razón.
Los estudiantes imaginan que se les esta recomendando un libro, incluso cuando no haya razón para esto, y con una ceguera selectiva hacia el hecho de que una y otra vez yo haya dicho que los libros pertenecen a la comunidad para la cual se han escrito, y carecen de valor interno para cualquiera que intente adueñarse de su significado.
Puedes hacerte daño al acaparar todos los libros que menciono e intentar comprenderlos, en especial, cuando decides ignorar otras cosas que digo: en particular muchos libros, supuestamente pertenecientes a nuestro campo, son engañosos.
Parte de estos libros pueden ser adecuados para nuestra comunidad y época. Esos, específicamente, se ponen a disposición para el estudio.
¿Acaso no es esto suficiente?

Idries Shah
Extracto del libro Aprender a saber. Pág. 65

sábado, 18 de abril de 2009

Interés y proselitismo



P: Si uno siente algo muy intensamente, ¿no tiene derecho a traspasarlo a otros, a hacerlos “interesarse” y a formar colectivos de gentes que tienen intereses similares?

R: Cualquier de esas cosas podría estar bien, o podría estar mal, dependiendo por entero del tema en cuestión y de la gente considerada. Tendría que considerar esto como inherente a la pregunta. Sólo tienes que mirar a tu alrededor para ver la confusión y la infelicidad causadas por personas que se complacen a si mismas precipitándose a molestar a otra gente y haciendo que se sientan molestas – y por tanto ineficientes- cuando el interés y la propaganda no son sustituidos por conocimiento y acción. Sin embargo, una de las grandes ventajas de esta conducta de “pollo mojado” es que está tan extendida que nos suministra, casi diariamente, ejemplos de su papel horrible y a veces destructivo, permitiéndonos evitarla cuando funciona de esta forma.
Conviene saber que no siempre se pensó que la agitación y la llamada a la manifestación eran la respuesta a los problemas, o incluso que no era beneficioso sufrir los problemas en lugar de compartirlos siempre.
También podemos meditar en las palabras de Anwar-i Suhaili (Las luces de Canopus), donde se lee:

El ruiseñor que no puede tolerar la espina
Es mejor que nunca hable de la rosa.

Por encima de todo, creo que hay una necesidad de saber lo que esta bien, así como una compulsión a creer que uno tiene razón y a tratar de convencer a otros de esto. La primera actitud es quizás importante, pero la segunda es la mas familiar a la mayoría.
Las personas “interesadas” pueden tener razón, pero estar sólo satisfaciendo deseos personales. Llevar a otras personas a compartir estos deseos puede ser admisible, pero sólo, creo, cuando son reconocidos como deseos y no representados como necesidades. En el último caso, si de hecho no hay verdades, la decepción y la autodecepción tomaran su lugar. ¿Puede esto ser bueno?

Idries Shah