Yusuf ibn Jafar el-Amudi solía tomar sumas de dinero, algunas veces muy grandes, de aquellos que venían a estudiar con él. Un letrado distinguido lo visito una vez y dijo: - Estoy encantado e impresionado por tu enseñanza, y estoy seguro de que estas dirigiendo a tus discípulos del modo apropiado. Pero no esta de acuerdo con la tradición el tomar dinero a cambio de conocimiento. Además, la acción se presta a malinterpretaciones El- Amudi dijo: -Nunca he vendido ningún conocimiento. No hay suficiente dinero en la tierra para pagar por él. Por lo que respecta a las malinterpretaciones, el abstenerme de tomar dinero no evitara eso, porque encontraran algún otro tema. Más bien deberías saber que un hombre que toma dinero puede ser codicioso de dinero o no. Pero un hombre que no toma nada esta bajo sospecha mas grave de robar al discípulo su alma. La gente que dice. “No tomo nada”, puede que se descubra que esta apropiándose de la voluntad de su víctima. |
lunes, 23 de marzo de 2009
Dinero
domingo, 22 de marzo de 2009
El mercado
“En este mercado
de los vendedores de medicinas de lo Oculto,
no corras de un lado a otro,
pasando por todas las tiendas.
¡Siéntate, mas bien en la tienda
del que te puede dar el verdadero remedio!"
sábado, 21 de marzo de 2009
Nasrudín
En cierto momento de su vida, la población entera de su pueblo estaba ya harta de las bromas y confusiones de Nasrudín.
Fueron todos ante el magistrado, y éste dictó una orden:
- Nasrudín, por voluntad de la gente, tengo que declarar que debes abandonar el pueblo.
- ¿Es por unanimidad? – preguntó el Maestro.
- Sí, me temo que es así.
- Entonces me niego a irme. Hay una gran cantidad de ellos y solamente uno solo de mí. Si a ellos no les gusta el pueblo tal como es, pueden irse y construir otro. Pero yo, un solo individuo, ¿cómo podría siquiera empezar a construir una pequeña casa para mí en otra parte?.
La reunión para las elecciones
Sucedió antes de las elecciones. El pueblo había invitado a todos los candidatos para que hablaran ante los ciudadanos reunidos en la plaza pública.
Nasrudín fue invitado a divertir a la gente, en su calidad de personaje exótico.
Después de que los tres candidatos terminaron sus discursos, el Maestro subió a la plataforma y dijo:
- He venido aquí para ofrecerles a ustedes mi propia receta especial. Apúntenla y pruébenla.
Luego dijo que había que hervir cierta cantidad de miel, ajo y pescado, todo junto. Después de lo cual, estaba listo para comerse.
Un número considerable de gente probó la receta. El sabor era nauseabundo. Varias de estas personas entraron furiosas en la casa de Nasrudín, con la intención de saber que se había propuesto con semejante broma.
- Bueno – dijo Nasrudín – Yo no dije que a mi me gustara ese guiso, que en realidad nunca he probado. Pero a mí me pareció una idea tan buena, que quise averiguar si daba buen resultado. ¿No es eso lo que hacen los candidatos para ganar la elección?
Por eso lo aprecian
- Nunca le des a nadie de inmediato lo que te pida, sino hasta que haya pasado por lo menos un día, - dijo Nasrudín.
- ¿Por qué no maestro?
- La experiencia nos demuestra que la gente solo aprecia algo cuando ha tenido antes la oportunidad de dudar de si lo obtendrá o no.
jueves, 19 de marzo de 2009
Musa de Isfahan
Durante muchos años Musa no sólo enseñó a discípulos sino que también dirigió los complicados asuntos de sus propiedades. En representación de su gente disputó con abogados, envió representantes al rey, y tomó decisiones acerca de innumerables asuntos cotidianos.
Después que hubo muerto, dos abogados estaban hablando acerca de él. El primero dijo:
-¡Qué excelente ilustración de cómo un hombre puede ser práctico y también morar en los dominios sublimes del pensamiento!
El otro respondió:
- La vida de Musa fue, más bien, un raro ejemplo de enseñanza total. Sus acciones mundanas eran tan importantes como sus aspectos espirituales.
- ¿Pero, cual podía ser la importancia de las actividades seculares?
- En dos sentidos. Primero, las actividades mundanas permitieron a Musa mantener el bienestar físico de sus discípulos. En segundo lugar, le permitieron ilustrar para ellos, cada día y delante de sus ojos la superficialidad de la vida ordinaria.
martes, 17 de marzo de 2009
La tarta de albaricoque
Había una vez, una anciana que había sido famosa durante 30 años por el sabor delicioso de sus tartas de albaricoque. Todo el mundo en kilómetros a la redonda había oído hablar de las tartas y las comían cuando tenían la ocasión. En el curso de los años, cientos de personas la asediaron pidiendo la receta.
Ella continuó haciendo las tartas todos los años durante la estación de la fruta de hueso; distribuía las tartas a diestro y siniestro, pero no le decía a nadie la receta.
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Un día, temiendo que la mujer muriera sin haber transmitido el secreto, un hombre rico – quien también tenía algo de avaro al tiempo que amante de las tartas de albaricoque - ofreció una recompensa de cien monedad de oro por el secreto.
No pudo encontrar a nadie que cocinase tartas como la anciana, aunque una multitud de gente solicitase la recompensa, pretendiendo que podía hacerlo. Finalmente, sin embargo, se sorprendió al encontrar a la mujer a su puerta, ofreciendo vender la receta.
- Pensé que nunca se la dirías a nadie – balbuceó el hombre rico.
- Ah, pero primero quería encontrar un signo de sinceridad –dijo la anciana.
- Pero ¿cómo sabes que soy sincero? – preguntó el avaro.
- Tú-dijo la anciana- eres un hombre que ama el oro. Que estés dispuesto a desprenderte de una parte de él, y no digamos cien monedas de oro, muestra, al menos mediante tu propio patrón, que eres sincero. Esto es lo más cercano a la sinceridad que, según parece, podemos llegar en esta región. De modo que te daré el secreto.
El hombre rico se sentía encantado, tomó un lápiz y un trozo de papel y pidió a la mujer que dictase.
- No necesitaras lápiz y papel –dijo ella- ya que no hay mucho que decir. Recojo albaricoques gratis, de los árboles de gente caritativa. Luego añado agua y un poco de miel; y eso es todo lo que hay.
- ¡Pero así es como todos los demás hacen tarta de albaricoque! –exclamó el hombre-- Ciertamente no te voy a dar cien monedas de oro por decirme eso.
- Tómalo o déjalo- dijo la mujer.
- No tiene sentido alguno – dijo el avaro-, pero si el secreto no está en los ingredientes, debe encontrarse en la costra de la tarta. ¿Cómo la haces?
La mujer sonrió.
- No la hago en modo alguno. Me acerco al panadero de la villa y le pido algo de la masa pastelera que le haya cobrado, cubro el plato con la pasta y le pido que lo ponga en su horno junto con el pan que hornea, y así es como se hace.
- Pero debe de haber algo especial en las tartas- dijo el hombre-, y quiero descubrir lo que es.
- Muy bien – dijo ella-, sígueme y haz lo que hago y veremos cómo te las arreglas. Veremos si sabes lo que es una receta.
Fueron juntos de excursión por las huertas locales de albaricoqueros. La anciana, como es costumbre es esas partes, fue admitida libremente, mientras que el avaro tuvo que pagar una moneda de cobre antes de que se admitiese recoger tantos albaricoques como desease.
Llevaron los platos al panadero, e hicieron que les pusiese pare de la masa pastelera que le sobraba encima de las tartas. Luego se dedicaron a esperar hasta que éstas estuvieron listas.
Cando las tartas estuvieron horneadas y se enfriaron, las probaron. La tarta de la anciana era deliciosa. Pero la tarta hecha con la fruta escogida por el avaro era en verdad muy ordinaria.
Él meneó el cabeza, perplejo, y luego comenzó a injuriar a la mujer, la llamó impostora por haber introducido algún ingrediente secreto, luego necia por no transmitir el secreto, y finalmente la tachó de bruja en contacto con poderes malignos.
Una vez el hombre se quedó exhausto y se sentó en un banco en el exterior de la panadería, la anciana sonrió una vez más.
- Después de tus resoplidos y tu enojo, tras tus aires de superioridad y confianza en el dinero, tras todo ese absurdo arraigado en el desengaño de falsas esperanzas – dijo ella – te diré dónde te has equivocado.
“Como sabes, a las personas pobres se les permite recoger tanta fruta como deseen en nuestros huertos. En reconocimiento a esto, nunca he tomado la fruta madura y perfecta para mis tartas ya que granjero tiene el derecho a conservar la mejor fruta, de modo que pueda venderla para mantener a su familia. Así que siempre he recogido los albaricoques que no estaban maduros y los demasiado maduros, mezclándolos para mis tartas. Este es el secreto de su maravilloso sabor. Tú, por tu parte, codicias tanto la perfección y la ganancia que, como todos los demás que han buscado mi secreto, tomas siempre la fruta más atractiva. El resultado fueron tartas de albaricoque ordinarias.”
Con estas palabras guardó la bolsa de monedas de oro en su cinturón y siguió su camino.
La codicia, la ansiedad y la compulsión por comparar las enseñanzas sufis con suposiciones anteriores, visible en las reacciones de muchos estudiantes, originan insuficiencias de todo tipo, levantan barreras a la comprensión y ciegan a la gente respecto a cosas que son perfectamente obvias para quienes abordan las enseñanzas de una manera sencilla.
domingo, 15 de marzo de 2009
Hipocresía
P:¿Por qué un maestro espiritual debe ser tratado con respeto y considerado con temor y humildad?
R: No por él, sino por nosotros mismos. La postura mental que acompaña el sentimiento de respeto es el que nos sintoniza con la realidad y hace desaparecer nuestra autoestima. Así como las personas que lloran a los muertos lo hacen por su propia necesidad - a los muertos no les afecta -, de igual modo, cuando las personas están demasiado centradas en sí mismas no pueden aprender. Tienen que ver a otros como más importantes que ellos mismos.
La gente, sin embargo, a veces se vuelve demasiado adoradora del hombre y estima en execeso a su maestro espiritual. Debido a la necesidad de equilibrar la actitud para conseguir la justa medida se cuenta esta historia del derviche santurrón.
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Érase una vez un hombre religioso, a quien le gustaba considerarse a sí mismo como un verdadero derviche. También le gustaba ceñirse a todas las reglas de las leyes divinas y seculares, y, puesto que se sentía orgulloso de esto, como mucha otra gente antes y después de él, se convirtió en un hipócrita inconsciente. Este estado, naturalmente, le impedía hacer cualquier progreso verdadero en el sendero espiritual, y un ángel decidió ayudarle a salir de esa dificultad.
Un día, por lo tanto, cuando el derviche contemplaba cómo un condenado era conducido por delante de su casa, sintiendo cuán correcto era que el bribón sufriese, el ángel apareció ante él.
La aparición le dijo:
- Ya que imaginas que la santurronería es verdadera piedad ¡se te condena a vagar por la faz de la tierra, sin esperanza de salvación, hasta que los brotes aparezcan y florezcan en una rama muerta!
Al principio el derviche se sintió indignado y pensó que el ángel debía de ser un impostor. Luego, en cuanto los acontecimientos le obligaron a abandonar su casa y le arrojaron a las calles, se dio cuenta de que podía existir alguna verdad en el asunto.
Había un viejo roble marchito en la cima de una colina, que parecía completamente muerto, y el supuesto hombre piadoso solía acudir a observarlo, cavilando sobre su destino y preguntándose acerca de su potencial.
Un día se encontró con un barbero en el camino. El barbero le dijo:
- Si no practico, no seré capaz de conseguir un trabajo cuando llegue a mi destino. ¿Puedo afeitarte?
El semiderviche se sintió inicialmente ofendido de que su venerable barba fuese asediada; pero de repente se le ocurrió que él, después de todo, era un impostor, y no tenía sentido mantener una barba si el hombre que había detrás de ella no había alcanzado la perfección. De modo que aceptó y el barbero le afeitó la barba.
En aquel momento las raíces del árbol comenzaron a absorber humedad y nutrición.
Entonces el derviche vio a un pobre hombre caminando por el sendero, sin un harapo que lo cubriese.
"Todo lo que yo tengo - pensó para sí - es este apedazado manto derviche..." Recordó entonces que el manto apedazado era un signo para indicar su estado, y sin embargo su estado era de exhibición externa mientras lo llevaba. Así que se quitó el manto y lo compartió con el pobre viajero.
Fue entonces cuando, en la cima de la colina, la savia comenzó a ascender por el tronco del árbol.
No mucho después el derviche se encontraba sentado bajo el árbol cuando dos buscadores de la verdad se acercaron. Viendo ante ellos a aquella figura de aspecto devoto, le pidieron que les enseñase algo. Él les dijo:
- Lo que os puedo enseñar es que cuando veáis a alguien de apariencia devota, que lleva barba y le complace enseñaros, que permite que la gente se dirija a él mediante títulos religiosos; ¡probablemente estéis tratando con un impostor!
En aquel momento aparecieron brotes en las ramas del árbol, y casi inmediato se abrieron, convirtiéndose en flores.
Idries Shah
sábado, 14 de marzo de 2009
Al maestro Ghulam-Shah se le preguntó qué patrón seguía al formular sus cursos para discípulos. El dijo: “Descalzo hasta que puedas obtener sandalias, sandalias hasta que puedas valerte de botas”.
Uno de nosotros
Un teólogo se encontró a la entrada de los Jardines del Paraíso. Tenía un aspecto piadoso, y el ángel guardián le hizo una o dos preguntas rutinarias y luego le dijo:
-Pasa, amigo, entra en el jardín.
-No tan rápido, amigo mío – dijo el clérigo – Soy un reputado creyente, impecable en mi fe, y celebre por mi intelecto, acostumbrado a decidir por sí mismo, y no a que la gente decida por mí. ¿Cómo puedes probar que éste es el paraíso, y no una trampa y una ilusión: piensa cuidadosamente antes de responder.
El ángel hizo sonar la campanilla y aparecieron más ángeles guardines.
-¿Podéis llevaros a este dentro? Ciertamente es uno de los nuestros.
Los requisitos correctos
Alguien le preguntó a Nasrudin: - ¿Es posible que un hombre de 100 años tenga un hijo?
-Sí, - contestó Nasrudin- siempre y cuando tenga un cómplice, digamos, que esté en sus veintes o treintas.
Gris y blanco
Nasrudin cuando era un niño, le preguntó a su papá:
-¿Por qué tienes el pelo gris?
- Nasrudin, porque los niños que hacen preguntas impertinentes hacen que el pelo de un hombre se vuelva blanco.
- Ya veo- dijo el Maestro-. Eso explica por qué el pelo de tu propio padre es del color de la nieve.
jueves, 12 de marzo de 2009
El Jardin de las Rosas
Cuentan de un hombre que solía comer vastas cantidades de comida a la noche y luego oraba de pie hasta el amanecer. Un sabio, oyendo esto, comentó: “Si él comiera la mitad de un pan y durmiera, estaría mejor de lo que está”.
Cuento 23
Me quejé a mi Sheikh de que alguien había criticado injustamente mis actividades. Él contestó: “Avergüénzalo por medio de la bondad”.
Los envidiosos no pueden hablar mal de ti
Si atiendes a tu conducta y a tus oraciones.
Cuando la lira está afinada,
¿Cómo puede ser afectada por el afinado?
Cuento 8
Le preguntaron a un enfermo: “¿Cuál es el deseo de tu corazón?”. Contestó: ¡Sería el que mi corazón desee!”.
martes, 3 de marzo de 2009
El Jardín de las Rosas
Cuento 8
Se le preguntó un día a Hurmuz, el hijo de Noshirvan:
-¿Por qué ha puesto en prisión a los ministros de su padre?.
El respondió:
- Yo no les encontraba defectos, salvo un terrible miedo de mí que ellos llevaban en su corazón y además no tenían entera confianza en mi palabra. Yo temí que se agruparan contra mí para destruirme y conseguir su propia seguridad; además he puesto en práctica la máxima del Sabio:
“Teme, querido sabio, a aquel que tiene temor de ti, aun
Si en un combate tú puedas ser cien
Veces superior a él.
La víbora muerde el pie del aldeano por temor
A que él le arroje una piedra.
¿No habéis visto nunca a un gato desesperado que desgarra
Los ojos de un leopardo?”.
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Cuento 12
Un monarca injusto preguntó a un devoto personaje qué acto de piedad confería mayor mérito.
El respondió:
- Vuestra siesta pues durante ese corto momento vuestro pueblo está libre de vuestra tiranía.
“Yo he visto a un tirano dormido a mediodía.
Y pensé: Sería preferible que él durmiera siempre.
Cuando un hombre está mejor dormido que
Despierto,
Seguramente, está aún mejor muerto que
Vivo”.
domingo, 22 de febrero de 2009
Los poemas de amor
La dama le dijo:
- Estas aquí, conmigo, y puedes percibir mis cualidades directamente, pero te empeñas en expresar emociones que te representan a ti y no a mi.
"No soy tu objeto: el objeto de tus propios afectos eres tú mismo. Tú te interpones entre ti mismo y yo".
jueves, 19 de febrero de 2009
Edad
El joven le dijo:
- ¿Cuál es el secreto para que hayas alcanzado esta venerable edad en una condición física excelente?. Pues tu cabello aunque blanco, es abundante; tu rostro, aunque lleno de arrugas, muestra calma. Tu paso, aunque andas con dos bastones, es bueno para un anciano, y casi no jadeas al caminar.
El anciano le dijo:
- Sigo las órdenes de tal y tal maestro espiritual.
- ¿Y puedo preguntarte cuantos años tienes?
- ¡Tengo casi veinticinco años!
sábado, 14 de febrero de 2009
¿Y gastarlos...?
El hombre que vió esto, al pasar, dijo:
- Hola, Nasrudín ¿por qué no te calzas los zapatos?
- ¡Qué! - dijo Nasrudín -; ¿y gastarlos?
Un poco mas tarde, un clavo le perforó un pie.
- Gracias a Dios que he mantenido mis zapatos a salvo - se dijo el Mulá a sí mismo.
viernes, 13 de febrero de 2009
Tener y dar
- Si tuvieses una casa, ¿la donarías para el Trabajo Sufí?
- Sí - respondió el aspirante.
- ¿Abandonarías a tu familia, si tuvieses familia, y seguirías sólo el Sendero de la Verdad?
- Con toda seguridad.
- Y si tuvieses dos camisas, ¿donarías una de las dos para la Causa?
- ¡Por supuesto que no!
- Pero ¿por qué no? - preguntó el sufí.
- Porque sí tengo dos camisas!.
jueves, 12 de febrero de 2009
La razón
- ¡Quienes quieran ir al Cielo, que se pongan de pie!
Todos se levantaron, excepto un derviche de aspecto andrajoso que permaneció en una esquina.
- ¿Y tú por qué no quieres ir?- rugió el agitador.
El derviche levantó la mirada con parsimonia y repuso:
- Porque aún tengo tanto que hacer aqui...
miércoles, 11 de febrero de 2009
¿Por qué no?
-Observo que no se te ve en las oraciones públicas.
-Así es - respondió el sufí.
El hombre continuó:
-Vistes ropas corrientes, y no las túnicas de varios colores que utilizan muchos sufíes.
-Cierto.
-Y no te reúnes con otras personas para debatir acerca de la espritualidad; raramente te vemos con un rosario en la mano. Nunca te refieres a los grandes maestros, y en apariencia no te atraen las personalidades santas- prosiguió el otro hombre.
-Cierto, cierto, muy cierto-confirmó el sufí.
-Puedo preguntar por qué?
El sufí respondió:
-Porque ocuparme demasiado en tales cosas interferiría con mis actividades espirituales.
sábado, 7 de febrero de 2009
La Ranas
martes, 20 de enero de 2009
La carrera de los sapos
cuento sufi!

