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sábado, 16 de enero de 2010

La danza de la personalidad

El estudio de la personalidad es el estudio del yo inferior.
Quizás hay algunos individuos excepcionales que son criados en un ambiente ideal con padres maduros e iluminados, gente que tiene la fortuna de poseer una personalidad equilibrada, moldeada por la franqueza, la amistad, la confianza, la generosidad, la paciencia y otras cualidades de la Esencia. Pero ¿qué hay de la gran mayoría que tienen su cuota de inseguridad, recelo, envidia, egoísmo e impaciencia?
La mayor parte de nuestro trabajo es con nuestro yo inferior, el ego e intelecto, incluyendo la personalidad. No necesitamos trabajar sobre nuestro Yo superior; no hay nada que hacer con este Yo salvo tomar contacto con él, escucharlo y volverse consiente de su guía. Es la personalidad la que necesita ayuda y entrenamiento, pero sólo puede ser entrenada por el Yo superior. Con conciencia puedo usar y dirigir lo que tengo. Como un pintor, puedo aumentar la gama de colores de mi paleta. Qué colores use dependerá de las necesidades del momento. El alma – que es un rayo del Espíritu, y transporta los atributos de percepción, amor, y voluntad- puede dirigir la personalidad.

Kabir E. Helminski

lunes, 11 de enero de 2010

La fuerza transformadora

El amor puede se un acto de voluntad. La gente a menudo pregunta “¿Pero qué si no lo siento?”. Ya que todo en la existencia cósmica es una calle de doble vía, podemos practicar los frutos del amor y de este modo invocar su realidad. Si podemos manifestar la amabilidad, la generosidad y la paciencia, finalmente descubriremos la realidad del amor en nuestro interior. Si alguna vez nos convertimos en seres humanos transformados, será porque hemos aprendido a amar en forma completa a voluntad.
El amor no es solo atracción, ni tampoco es siquiera una alta resonancia. Su importancia es que lo que comienza como sentimiento produce acciones acordes con ese sentimiento. El amor transforma cobre en oro. Los errores de los amantes son mejores que las acciones rectas de los sin amor. Hasta la fruta amarga parece dulce si viene de la mano amada.

Kabir E. Helminski

lunes, 14 de diciembre de 2009

Cortando madera




Durante los primeros años en el Trabajo, en una de las excepcionales ocasiones en que pude pasar un tiempo en la casa del maestro de mi maestro, estuvimos cortando madera junto a otros hombres cerca de una pequeña laguna. El maestro había estado observando algunas carpas doradas de gran tamaño. Caminaba lentamente con un bastón, aun con imponente figura a sus ochenta años, con su cabeza completamente afeitada y un parche negro sobre el ojo que había perdido hacia mucho tiempo. Estos peces nadaban desde las profundidades hasta la superficie, en especial si uno le arrojaba algo de comer.
- Cuando observo mi mente- le dije- lo que observo con mas frecuencia son pensamientos extraños y desconocidos que suben a la superficie y desaparecen nuevamente. Tengo poco control sobre su contenido.
- Esta observación debe mantenerse- dijo el maestro- pero hay algo más que puedes hacer. Puedes acumular pensamiento y dirigirlo hacia donde tú quieras. Puedes, por ejemplo, visualizar gente que puede necesitar tu pensamiento positivo y simplemente dirigirlo hacia ella.
Mi receptividad ante lo que estaba diciendo fue tan completa que no tuve más comentarios ni preguntas.
Kabir E. Helminski

martes, 24 de noviembre de 2009

Decisión

Una vez que se ha visualizado y decidido una meta, ésta debe ejecutarse fielmente. Cada decisión que se pone en acción, sin importar lo pequeña que sea, contribuirá al desarrollo de la voluntad consciente y a la libertad. A la inversa, cada decisión que dejamos de cumplir nos quita voluntad. La toma de decisiones conscientes y el completar ciclos, puede con la práctica convertirse en una saludable forma de vida.
El ejercicio de la voluntad mediante la decisión consciente es nuestro derecho de nacimiento. Si fallamos en desarrollar un yo integrado y viable y en usar nuestras voluntades de un modo saludable, fracasaremos en llegar al nivel de verdaderos seres humanos. Pero el desarrollo de nuestra humanidad tiene sus paradojas; en un instante hablamos de integrar el yo y, en el siguiente, de trascenderlo.
Kabir E. Helminski

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Trabajo para el equilibrio



Otra categoría de metas tiene que ver con convertirnos en personas equilibradas. Con una consciencia armónica podemos pensar sin estar dominados por nuestro pensamiento; podemos sentir, pero no estar tiranizados por nuestros sentimientos, y podemos cuidar nuestros cuerpos sin estar esclavizados por ellos.
Los intelectuales, por ejemplo, pueden necesitar trabajar con sus cuerpos o con desarrollar sentimientos, mientras que los tipos físicos, instintivos, pueden necesitar desarrollar su mente a través del estudio. Los que viven mayormente de sus emociones pueden requerir poner freno a su sentimentalismo, autocompasión o ira, mediante el pensar correctamente.

Kabir E. Helminski

domingo, 11 de octubre de 2009

El entrenamiento de la atención es una parte necesaria de nuestro entrenamiento espiritual. Es un factor esencial en la mente que se esta espiritualizando, en el desarrollo del alma. Finalmente, la atención puede volverse luminosa y creativa. Dirige el poder del alma. En la medida en que conscientemente damos nuestra atención a otros- a los actos creativos y al servicio – también estamos dando nuestra alma, y así es como nuestra alma crece.
Recuerdo los días de arduo trabajo en una escuela espiritual donde éramos animados a mantener una atención equilibrada en medio de todo tipo de situaciones. A mi se me encargo el cuidado de un caballo. Desde la crin hasta la cola, desde los cascos para arriba, trabajé durante horas. Luego vino el maestro y después de una breve inspección dijo: “Un trabajo muy deficiente, superficial y chapucero”. Ambos observamos cómo se hundía mi corazón. Pero entonces algo resonó en mi interior: sabía que lo había hecho lo mejor posible; supe que no podía ser esclavo de la recompensa y la censura. En ese momento, vi el resplandor en sus ojos al darse la vuelta y partir.



Kabir E. Helminski

viernes, 9 de octubre de 2009

Cuento

Un sufi llegó a una remota aldea donde no conocía a nadie. Luego de encontrarse con algunas personas, notó que tenían una inusual avidez de conocimiento espiritual. Lo invitaron a compartir sus conocimientos en una reunió que habría para ese efecto. Aun cuando este sufi no se sentía seguro todavía de poder transmitir su conocimiento espiritual, aceptó la invitación.
Asistió mucha gente a la reunión y el sufi encontró a su audiencia extremadamente receptiva a lo que él decía, y, mas significativo aun, descubrió que era capaz de expresar sus enseñanzas con una elocuencia que jamás había experimentado. Se fue a dormir esa noche sintiéndose muy complacido.
Al día siguiente se encontró con un anciano de la aldea. Se saludaron como hermanos, y el anciano le expresó su gratitud por la velada anterior. El sufi estaba comenzando a sentirse muy especial. Incluso se dijo a sí mismo que había sido guiado a esa aldea para impartir la sabiduría que había acumulado a lo largo de sus muchos años de entrenamiento y servicio. Tal vez, si esta gente era sincera, se podría quedar con ellos por un tiempo y ofrecerles instrucción adicional en la Vía del Amor y la Recordación. Ciertamente se trataba de una comunidad merecedora y sincera. Justo en ese momento, el anciano lo invito a otra reunión esa tarde.
Los aldeanos se juntaron de nuevo esa noche, pero esta vez eligieron al azar a uno de ellos para que se dirigiera a la asamblea.
Éste también, dio un discurso muy elocuente, lleno de sabiduría y de amor. Después de la reunión el sufi se encontró otra vez con el anciano. Este le dijo: “Como puedes ver el Amigo nos habla de muchas maneras. Aquí somos todos especiales y receptivos a la Verdad y por eso la Verdad se puede expresar con facilidad.
Aprende que el yo que se sintió tan complacido anoche y el yo que se sintió opacado esta noche son ambos irreales. Póstralos a ambos ante el Amigo interior si quieres encontrar sabiduría y dejar de juzgarte tan severamente”.

Kabir E. Helminski

lunes, 28 de septiembre de 2009

Fragmentación

Estamos permanentemente fragmentados y sin embargo queremos ser un todo. Estamos distraídos pero queremos concentrarnos; estamos esparcidos y sin embargo queremos estar reunidos, estamos esparcidos al extremo de rendir nuestro “yo” a cada impulso. Decimos “mis” gustos o aversiones, “mis” sentimientos, y “mi” dolor, y minimizamos ese “yo” a las proporciones de nuestro dolor personal. Ese “yo” se debilita y es absorbido por todas estas cosas. En cierto momento es absorbido en un acto compulsivo e inconciente, luego lo es en una vaga ansiedad. De un instante a otro, pasa de los gustos a las aversiones, pasa por diversas preocupaciones y motivaciones. Su atención salta rápidamente de estar acupada en lo que tiene enfrente para caer en un ensueño. Alguna facultad del “yo” se identifica con cada unos de estos eventos.
Nos fragmentamos cuando nos desviamos de nuestro propio centro. Cuando nuestra atención sólo está reaccionando ante los eventos externos, o cuando está siendo dominada por algo, pierde contacto con su propia fuente. La atención es una facultad sagrada, pero cuando es arrastrada por lo que tira más fuerte, no tiene fuerza propia; es pasiva. Si la atención no está conectada con la voluntad, el humano no es plenamente ser humano.

Kabir E. Helminski