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miércoles, 24 de noviembre de 2010

El secreto

El rey Tashak de Persia revelo una vez a sus esclavos un secreto y añadió:
- A nadie se lo contéis.
Estos lo mantuvieron durante todo un año y, al fin, lo revelaron. El secreto se extendió como una marea por el reino y así todo el mundo lo conoció.
Furioso el rey encadeno a los esclavos y los envió al verdugo.
- Cortadles la cabeza – ordenó
- Piedad – exclamó uno de los esclavos- No nos matéis por culpa de vuestro propio delito.
- ¿Cómo es eso? – inquirió el rey.
- ¿Acaso esta marea que intentáis detener – respondió el esclavo – no era más que una sencilla gota que sola moraba en vuestro corazón?

sábado, 20 de noviembre de 2010

El pavo real

Era un pájaro maravilloso. Extendía su cola asombrando a todos con sus deslumbrantes colores… a todos, excepto claro está, a un hombre de mala voluntad.
- ¡Vaya zarpas más feas que tiene ese pájaro – dijo.

La buena acción

El alcalde de un pueblo vio cómo un hombre sacaba una espina del pie de un niño huérfano. Y esa noche soñó con el hombre, paseando placenteramente por los jardines del Paraiso diciendo:
- ¡Mira cuantas rosas han brotado de esa espina!.

sábado, 26 de junio de 2010

La promesa y el pícaro

-Si este asunto se resuelve como deseo – prometió el rey – esta gran bolsa de dinero se repartirá entre todos los hombres santos de la ciudad.
Y el asunto importante se arregló exactamente como deseaba el monarca. Este llamó a uno de sus sirvientes favoritos, le dio la bolsa bien repleta y le envió a repartir el dinero.
El sirviente, y así sigue el cuento, era listo y astuto. Se pasó todo el día dando vueltas por la ciudad y, cuando caía la noche, volvió al palacio. Besó la bolsa del dinero, de la que no había salido ni una moneda, y la depositó a los pies del rey.
- No he podido encontrar a un solo hombre santo –dijo.
- No digas tonterías – respondió el rey -¿Cómo puede ser? Sé perfectamente que hay al menos cuatrocientos en esta ciudad.
- Oh, señor del universo – replicó el sirviente – Yo ya sabia que los hombres santos nunca aceptan dinero; y todos aquellos que estaban dispuestos a aceptarlo, no podían serlo lógicamente –terminó.
- A este pícaro no le gustan los hombres santos y por eso a desbaratado mis planes para ayudar a estos devotos- les dijo, riendo a sus cortesanos- pero no puedo evitar sentir que tiene razón.

martes, 16 de marzo de 2010

El zorro asustado

Un zorro estaba corriendo aterrorizado, dando tumbos y gimiendo, huyendo precipitadamente.
- ¿Qué sucede? – le preguntó la gente - ¿Qué desgracia te obliga a correr así?
El zorro hizo un alto para tomar aliento.
- Están reuniendo a los camellos – dijo con voz entrecortada – Y me quieren poner con ellos a trabajar.
- ¡Majadero!- dijeron todos riéndose - ¿Entonces por que huyes? Tú no eres un camello. No siquiera lo pareces.
- ¡Callaos!- los interrumpió bruscamente el zorro – Yo sé que no soy un camello, y vosotros también lo sabéis. Pero esa gentuza que me sigue no se preocupa de nimiedades como esta. Basta que uno te tome inquina para que grite: “¡Mirad, allí hay otro camello”, y ¿quien escuchará unas pocas voces en medio de los aullidos de los perseguidores? Y para cuando nos distingan a todos, ya será demasiado tarde.
¡Habría muerto en el desierto con la carga de un camello en mi lomo!.