martes, 21 de abril de 2009

Post 99



“Hay 99 nombres que son sólo de Dios. Quienquiera que los aprenda, los comprenda y los enumere entra en el Paraíso y alcanza la salvación eterna”.
Este hadiz no quieres decir que Dios tiene solamente 99 nombres. Hay mas nombres que se atribuyen a Dios e infinitos otros que Él ha revelado a SU revelación exquisita.
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En algunas tradiciones folclóricas árabes se afirma que los camellos conocen el centésimo nombre de Dios, aunque, obviamente, no lo revelan. Esta sería la razón de su caminar pausado y orgulloso, con la cabeza alta, a través del inhóspito desierto.

lunes, 20 de abril de 2009

Libros y lectura

¿Ha observado algo acerca de los libros y de los títulos de los libros?
Si en una conversación o en un artículo menciono un libro, incluso como una referencia a pie de página, la gente se apresura a obtener un ejemplar. Si recomiendo un libro (lo cual es raro), salen corriendo a obtener una copia. Si alguien menciona que me he referido a un libro, la gente se apresura a conseguir un ejemplar.
Si le pido a alguien que me consiga un libro, otros salen corriendo a obtener un ejemplar.
Todas estas personas están haciendo lo mismo (apresurándose a obtener un ejemplar) como resultado de varias intenciones diferentes. En un caso, el libro se menciona solo para dejar identificarlo; en otro caso, porque su lectura beneficiará a alguna gente y no a otra; y aún en otro caso, porque tengo el propósito de anotar o traducir ese libro, ya que la versión existente es inadecuada o incorrecta.
Detrás de toda esta actividad de lectura de libros, lamentablemente, se esconden dos factores inaceptables. Se trata de:
Cierto tipo de codicia, un tipo de sentimiento primitivo de que existe algo en “el libro”, que atrapa a las personas porque su avidez es superior a su razón.
Los estudiantes imaginan que se les esta recomendando un libro, incluso cuando no haya razón para esto, y con una ceguera selectiva hacia el hecho de que una y otra vez yo haya dicho que los libros pertenecen a la comunidad para la cual se han escrito, y carecen de valor interno para cualquiera que intente adueñarse de su significado.
Puedes hacerte daño al acaparar todos los libros que menciono e intentar comprenderlos, en especial, cuando decides ignorar otras cosas que digo: en particular muchos libros, supuestamente pertenecientes a nuestro campo, son engañosos.
Parte de estos libros pueden ser adecuados para nuestra comunidad y época. Esos, específicamente, se ponen a disposición para el estudio.
¿Acaso no es esto suficiente?

Idries Shah
Extracto del libro Aprender a saber. Pág. 65

domingo, 19 de abril de 2009

Cuentos de Nasrudin

Un rey que gustaba de la compañía de Nasrudin, y también de la caza, le ordenó que le acompañase en la caza del oso. Nasrudin estaba aterrado.
Cuando Nasrudin volvió a su aldea, alguien le preguntó:
- ¿Cómo fue la caza?
- Maravillosamente.
- ¿Cuántos osos vistes?
- Ninguno.
- Entonces, ¿por que dices que fue maravilloso?
- Cuando estas cazando osos, y tu eres yo, no ver ningún oso es una experiencia maravillosa
Nasrudin se halla entre un grupo de discípulos cuando uno de ellos le interroga sobre la relación entre las cosas de este mundo y las de una dimensión diferente. Nasrudin dice:
- Tienes que comprender las alegorías.
El discípulo replica:
-Enséñame algo práctico, por ejemplo, una manzana del paraíso.
Nasrudin toma una manzana y se la alarga.
-Pero esta manzana esta podrida por un lado. Seguramente, una manzana del paraíso seria perfecta.
-Una manzana del paraíso seria perfecta- repitió Nasrudin- pero en la medida en que tu eres capaz de juzgarlo, situados como estamos en este ambiente de corrupción, y con tus facultades actuales, nunca veras una manzana mas parecida que esta a la del paraíso

sábado, 18 de abril de 2009

Interés y proselitismo



P: Si uno siente algo muy intensamente, ¿no tiene derecho a traspasarlo a otros, a hacerlos “interesarse” y a formar colectivos de gentes que tienen intereses similares?

R: Cualquier de esas cosas podría estar bien, o podría estar mal, dependiendo por entero del tema en cuestión y de la gente considerada. Tendría que considerar esto como inherente a la pregunta. Sólo tienes que mirar a tu alrededor para ver la confusión y la infelicidad causadas por personas que se complacen a si mismas precipitándose a molestar a otra gente y haciendo que se sientan molestas – y por tanto ineficientes- cuando el interés y la propaganda no son sustituidos por conocimiento y acción. Sin embargo, una de las grandes ventajas de esta conducta de “pollo mojado” es que está tan extendida que nos suministra, casi diariamente, ejemplos de su papel horrible y a veces destructivo, permitiéndonos evitarla cuando funciona de esta forma.
Conviene saber que no siempre se pensó que la agitación y la llamada a la manifestación eran la respuesta a los problemas, o incluso que no era beneficioso sufrir los problemas en lugar de compartirlos siempre.
También podemos meditar en las palabras de Anwar-i Suhaili (Las luces de Canopus), donde se lee:

El ruiseñor que no puede tolerar la espina
Es mejor que nunca hable de la rosa.

Por encima de todo, creo que hay una necesidad de saber lo que esta bien, así como una compulsión a creer que uno tiene razón y a tratar de convencer a otros de esto. La primera actitud es quizás importante, pero la segunda es la mas familiar a la mayoría.
Las personas “interesadas” pueden tener razón, pero estar sólo satisfaciendo deseos personales. Llevar a otras personas a compartir estos deseos puede ser admisible, pero sólo, creo, cuando son reconocidos como deseos y no representados como necesidades. En el último caso, si de hecho no hay verdades, la decepción y la autodecepción tomaran su lugar. ¿Puede esto ser bueno?

Idries Shah

Cuento 6



Un asceta era invitado de un Rey. Durante la comida comió menos que lo que deseaba y pasó más tiempo en oración de lo que acostumbraba a fin de que la opinión de la corte sobre su piedad aumentase.
¡Me temo que no llegaras a la Kaaba, Oh nómada,
Pues el camino que sigues lleva a Turquestán!
Cuando llego a su casa ordeno que se le sirviera una comida. Su hijo, un muchacho perspicaz, pregunto: “Padre, pensé que habías estado en el banquete del Sultán, ¿no comiste?”. El respondió: “No comí nada frente a ellos con un objetivo”. Su hijo replico: “Entonces di nuevamente tus oraciones pues no has hecho nada por tu objetivo en el otro mundo”.
¡Oh tu que expones tus virtudes en tu palma abierta
Y ocultas tus vicios bajo tus vestimentas!
¿Qué buscas comprar ¡iluso!
En el día de necesidad
Con plata falsificada?
Saadi de Shiraz

viernes, 17 de abril de 2009

El maestro, la enseñanza y el alumno


"Tú solo no puedes hacer nada: busca un Amigo. Si pudieras probar la mínima porción de tu insipidez, la detestarías".
Nizami, Tesoro de Misterios

Se dice con frecuencia que la mentalidad del oriental le predispone a obedecer las instrucciones de un maestro con una sumisión que es rara en Occidente. Para cualquiera que tenga una real experiencia en Oriente, esta creencia es tan errónea como otra generalización occidental: que todos los países orientales son más o menos parecidos. Lo único que puede decirse sobre las actitudes orientales hacia los maestros espirituales es que abundan más los maestros, y también que existen mas pruebas de que están haciendo un bien.
Casi todos los seres humanos crecen con cierta dosis de confianza en sí mismos que se convierte en una costumbre mental.
Debido a una falta muy natural de verdadero razonamiento, la idea de aceptar una guía se confunde con una perdida de libertad. La mayoría de las personas – tanto en Oriente como en Occidente- no comprende que ponerse en manos de un experto no implica ninguna perdida de importancia personal. Inconscientemente permite que un cirujano les extraiga el apéndice, y en cambio discuten el conocimiento o la experiencia superior de un maestro en un terreno en el que son tan ignorantes como en cirugía.
Idries Shah

jueves, 16 de abril de 2009

SUCESOS ARGENTINOS



LA PRENSA
Viernes 24 de noviembre de 1972
Presentose un libro de literatura sufí
En la librería y editorial Pigmalion S.R.L. se presentó ayer por la tarde un coctel servido a un grupo de invitados y periodistas el libro “Lo que un pájaro debería parecer”, antología de cuentos sufies de Idries Shah, publicada por Octógon Editores.
La reunión se realizo en coincidencia con el 30 aniversario de la librería mencionada y hablo durante el acto el señor Pablo Raúl Vitaver, titular de la comisión organizadora de la Semana Internacional del Libro Sufí.
La presentación fue parte de la muestra sobre el libro sufí, que se hace en Pigmalion e incluye 112 títulos en ingles, francés, italiano, castellano y alemán.
El señor Vitaver manifestó que la muestra de que forma parte el libro de Shah, exponente de la literatura sufí, “es cosas que ocurre por primera vez en el país”.
Explicó que algunas de las piezas mostradas habían viajado alrededor de 6 meses para ser exhibidas, como por ejemplo las venidas de Pakistán.
En cuanto a la literatura sufi en sí misma, dijo que tal vez no había mejor definición que la incluida en el libro nombrado. “¿Imaginan ustedes – se lee en “Lo que un pájaro debería parecer”- que los cuentos existen únicamente para divertir o instruir y que se basan en la ficción? Los mejores de ellos son delineamientos de lo que ocurre en la vida real, en la comunidad y en el proceso mental de las individuos”.
Del autor, Idries Shah, dijo finalmente que es “el ejemplar actual del sufí en Occidente”.
Diario, La Prensa.

miércoles, 15 de abril de 2009

Escribir


P: Traigo a la atención que Feroz Shamsiri, el gran sufi de Tashkent, solía vivir allí, pero rara vez mantenía reuniones con sus discípulos. Siempre se comunicaba con ellos por escrito. ¿Por qué era así?

R:
Si tienes alguna experiencia en grupos espirituales, sabrás que demasiadas personas concentran su atención en el maestro y no en la enseñanza. Ciertamente, este es un abuso tan frecuente que algunas personas desarrollan una fijación total en el maestro, sea verdadero o falso.
Incluso en Oriente, la gente confunde este fenómeno con la santidad, o con la experiencia religiosa.
Sabiendo esto muchos sufies no enseñan directamente en modo alguno; dependerá mucho sobre la condición de sus seguidores.
Por lo tanto, no es insólito que los maestros escriban o dicten enseñanzas, que luego son leídas o recitadas en conferencias.
Sin embargo, cuando los individuos o los grupos de estudiantes son capaces de concentrarse sobre la esencia y no la apariencia o la presencia del maestro, las reuniones se celebran.
Los investigadores de la psicología en Occidente han descubierto tan sólo recientemente que la presencia de alguien que se supone que está enseñando produce una sensación de sobrecogimiento, importancia o devoción religiosa que, por supuesto, no es lo mismo que percibir lo que hay realmente allí.
Idries Shah

martes, 14 de abril de 2009

Peces en la luna

Preguntaron al Sheik Bahaudin Naqshband:

-¿Por que dices que nadie puede aprender el sufismo por sí mismo y que todo el que piense que está más avanzado que otro en el Camino carece en absoluto de valor?

Contestó:

- Porque es un asunto de experiencia diaria, que aquellos que piensan que pueden aprender el sufismo por sí mismos, de hecho no pueden hacerlo: son demasiado egocéntricos. Aquellos que piensan que no pueden aprenderlo solos, de hecho lo pueden hacer. Pero, por vanidad, solamente un autentico maestro está capacitado para permitirles que procedan solos, puesto que él puede diagnosticar su verdadera situación.
Quien quiera que piense que está más avanzado que otro en el conocimiento, es casi completamente ignorante e incapaz de aprender más. Da vueltas y vueltas en su ignorancia. Esto es así, porque la experiencia del verdadero conocimiento en ninguna forma se conforma a la idea de que uno está más avanzado que otro.
Observa que nunca acepto como discípulo a nadie a quien critico por ser obstinado. Esto es así porque con seguridad sentirá el rechazado, que mi crítica de él ha sido motivada por el deseo de enseñarle. Por tanto, siempre despido a quienes critico. Les queda la esperanza de poder encontrar en algún lado a un maestro que no los halague, aunque esto sea tan probable como que haya peces en la luna.

Agua y Aire



P: Leo libros y escucho conferencias, y sin embargo, muy a menudo siento que eso es como intentar retener aire en una jaula o agua en un cedazo. Sé que el aire y el agua se encuentran ahí, pero no tengo los medios para recolectarlos. ¿No debería acaso abandonar conferencias y lecturas, e intentar algo distinto?

R: Te ves a ti mismo como una jaula o un cedazo, y por lo tanto no deberías intentar retener aire o agua. Sólo hay un error en tus analogías: no son aplicables a la situación.
Un sufi no aceptaría que tuvieses realmente un cedazo o una jaula, aunque aceptaría que las necesitas. Él diría que los libros y las conferencias están ahí con el propósito específico de ayudarte a construir y usar esos objetos; pues no necesitas ni aire ni agua.
Necesitas la jaula para capturar y mantener lo que de otro modo volaría lejos. La jaula debe construirse y hay que poner un señuelo, y convertirla en el lugar adecuado para el pájaro que necesitas. El cedazo debe materializarse, de modo que puedas tamizar lo sutil de lo grosero.
El aire y el agua que estas intentando retener no son para ti y no te ayudaran. ¿Por qué les das tanta importancia?

Idries Shah

Escogiendo un nuevo maestro

P: El Gran Sheikh (Ibn el Arabi) ha dicho, pienso que de modo bastante brusco, que un discípulo que adopta otro maestro cuando el suyo está vivo no puede ser un discípulo, y traiciona su confianza.

R: Como otros sufíes, Ibn el Arabi no esta siendo brusco ni apacible: la tarea del sufi es ser descriptivo y ejercer o provocar el ejercicio de la enseñanza. Si pones el asunto en otros términos, quizás no puedas comprender la respuesta, aunque espero que si.
“Brusquedad” o “afabilidad” es como la gente ve las cosas desde un punto de vista subjetivo.
Por definición, tu maestro puede enseñarte y lo hace. ¿Cuál es el propósito de otro maestro? Por decirlo de algún modo, no puedes comer dos comidas al mismo tiempo. Un “discípulo” que va de un maestro a otro no es un discípulo; y alguien que le “enseña” en tales circunstancias no es un maestro. Esta es la realidad sufí en este asunto.
Si estás pensando en algún otro tipo de aprendizaje o enseñanza – un poco de aquí y un poco de allá- no estas hablando del camino sufi. No obstante, puede que hayas caído en la confusión habitual entre lo que quieres y lo que no quieres, buscando placer y evitando molestias. Esto no es consistente con el sufismo.
Idries Shah

martes, 7 de abril de 2009

MUCHAS FELICIDADES

HASTA EL LUNES

Reflexiones


Libros
Si yo te entrego un libro vacuo, dándote a entender, “Tu aun no puedes beneficiarte con mi libro”, quizás pensarás: “Me está insultando”.
Pero, si ofrezco un libro completo y comprensible, todos los lectores tomarán sus superficialidades como un estímulo, exclamando: “¡que magnifico, que profundo!”.
La gente seguirá estas cosas externas después de que yo me haya ido, convirtiéndolas en una fuente de estímulo y debates. Dirán que contienen didáctica, poesía, ejercicios o historias.
Si no les doy libros, o les doy uno pequeño, los académicos se mofaran, y arruinarán las mentes de estudiantes potenciales y vulnerables, con otra literatura, aun más de lo que lo hacen en el presente.
Los estudiantes desconcertados se convierten en destructivos, imaginan soluciones y tratan de imponerlas a otros.
Si les doy un libro extenso, algunas personas imaginaran que es pretencioso.
Notarás que existen todas estas suposiciones, simplemente porque a la gente le gustan, no porque tengan la menor probabilidad de ser verdad.
Si les doy un libro críptico, imaginarán que contiene extraños secretos. O se pueden hacer innecesariamente astutos para tratar de comprenderlo.
Cuantas mas cosas como estas dices, la gente se vuelve mas petulante, y con desden afirma:”Usted no nos comprende. Nosotros no nos comportamos así. La falta de comprensión esta en usted”.Pero si yo digo estas cosas y reflexiono sobre ellas, siquiera brevemente, presentando a cada aclaración la misma atención, yo me daré por satisfecho

Corrección
Abdullah Ben Yahya estaba mostrando a un visitante un manuscrito que él había escrito.
Este hombre dijo:
-Pero esta palabra ha sido mal deletreada.
Inmediatamente Abdullah deletreó la palabra, escribiéndola en la forma que aprobaba su invitado.
Cuando el hombre se hubo ido, se preguntó a Abdullah:
-¿Por qué hiciste eso, si sabias que su “corrección” era de hecho incorrecta, y escribiste mal la palabra cuando la original era la correcta?
Y él contestó:
-Eso fue una muestra de sociabilidad; el hombre creyó que me estaba ayudando y pensó que la expresión de su ignorancia era una indicación de conocimiento. Yo aplique el comportamiento de la cultura y de la cortesía, no el comportamiento de la verdad, porque cuando la gente busca cortesía e intercambio social, no puede soportar la verdad. Si yo hubiese tenido la relación de maestro a estudiante con ese hombre, las cosas hubiesen sido distintas. Solamente la gente tonta y los pedantes creen que su deber es instruir a todos, cuando el motivo de la gente es generalmente no buscar instrucción, sino atraer la atención.

lunes, 6 de abril de 2009

Relatos



Perseverar
La gente me pide constantemente que le diga cómo mantener su perseverancia.
Pero si la persistencia no fuera ya su principal característica, ¿acaso perseverarían en su búsqueda?
Casi nadie conoce lo que verdaderamente necesita.
Por esta razón, el buscador insistirá en que se le dé aquello que imagina que necesita.
Aun en el caso de que lo obtenga, te darás cuenta de que imagina que no lo tiene.
Alguien tiene que dar un paso atrás para conseguir cierta perspectiva en el asunto, ya que el mundo está lleno de los remanentes de dos clases de personas exhaustas: quienes intentan obtener lo que imaginan que necesitan y quienes se han desgastado intentando proporcionárselo.
Idries Shah


La fuente del ser
Permite que la fuente del ser mantenga contacto contigo. Ignora las impresiones y opiniones de tu ser habitual. Si éste pudiera servirte de ayuda en tu búsqueda, te habría conseguido la realización. Pero lo único que puede hacer es depender de otros.
Amin Suhrawardi

domingo, 5 de abril de 2009

ANSIEDAD

Cuantas veces uno sintió eso, esa sensación de dolor de estómago, miedo, angustia al enfrentarse a distintas situaciones en la vida, momentos que se tienen que pasar y algo traba la accion, lo que tenemos o queremos hacer, esa ansiedad del actuar que yo no se bien de donde viene.
Un dia encontre este texto en internet y me impactó como describe lo que le pasa, no se quien lo escribio pero esta bueno.

LA ANSIEDAD DEL ACTUAR
Comienza con un pensamiento temeroso que destroza tu confianza al igual que una sirena destroza la paz de un domingo por la mañana. Te gustaría pensar en otra cosa, pero los lamentos de dolor y pérdida reclaman tu atención.

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Sin importar lo bien que hayas ensayado lo que has planeado hacer, la ansiedad del actuar puede destrozarte. Tu corazón funciona a batacazos y las palmas te sudan. Tu lengua se vuelve pesada y estúpida y tus labios de adhieren a los dientes. Al mismo tiempo tu cuerpo siente como si estuviera ardiendo por fuera y congelándose por dentro. Te sientes rígido como una barra de acero pero estás tan gelatinoso que apenas puedes permanecer de pie.
¿Qué sucede dentro de la mente que devasta el cuerpo de esa manera cuando "se funden los plomos" y ya no hay ensayo que valga?
Al comienzo de mi carrera musical tuve mi primer ataque de ansiedad. Lo recuerdo como si hubiera sucedido ayer por la noche. Estaba 'preparada' para una audición en directo con un banda country. No era la primera vez que me subía al escenario, pero era mi 'debut por dólares'. Había pensado que comprendía la ansiedad: eran unos instantes de nerviosismo antes de empezar. Pero en esa ocasión no cantaba por diversión. Ahora tenía importancia.
Puedo recordar mucho de lo que sucedió: Escuché al líder de la banda decir al público que una de sus señoritas favoritas iba a cantar You Ain't Woman Enough; y le vi volver la cabeza y hacerme ademanes mientras yo aguardaba al pie de la escalera, a la derecha del escenario, y estoy segura de que le oí decir mi nombre y entonces recuerdo vagamente que pidió aplausos para mí. Después de eso solo recuerdo que ningún condenado subió nunca al patíbulo con menos vivacidad que yo. No sé cómo tomé el micrófono y en verdad no recuerdo qué hice mientras estaba allí. El foco me daba en los ojos y mantuve la mirada hacia delante, con los ojos abiertos e incrédulos... sí, como un ciervo atrapado por las luces de un camión que se le acerca. Y si ese ciervo hubiera empezado a silbar Dixie (canción popular de los E.E.U.U.), hubiera hecho mucha más música de la que yo hice aquella noche.
No conseguí el trabajo pero cogí el mensaje: conquistar mi miedo u olvidar mi carrera. Era así de simple.
Antes de batallar con mi enemigo tenía que identificarlo. ¿Cuál era la diferencia esencial entre cantar en un ensayo y cantar frente al público? No era el cantar. No era la banda. Tampoco era el micrófono. Solo quedaba el público: algo dentro de mí estaba respondiendo ante él como si me mirara no esperando escuchar lo que iba a cantar... sino cómo lo iba a cantar. Iban a juzgarme: si cantaba bien me querrían; pero si no, no lo harían. Naturalmente mi ego quería que me quisieran. Así son los egos.
Me sentí bastante mal cuando me di cuenta de que el cantar, algo que amaba hacer, se había convertido en una herramienta, un medio por el cual iba a lograr que la gente me quisiera. La música dejó de ser música en el momento que la abandoné mentalmente y puse mi atención en la cabeza del público, cuando comencé a mirar y a escucharme a mí misma.
A menudo escuchamos talk shows radiofónicos donde alguien llama mientras su radio sigue encendida... y se hace imposible para el locutor mantener una conversación inteligente con el oyente, pues este se está escuchando a sí mismo - abandona su propia mente para ponerse con la audiencia del programa. Se encuentra dividido entre actor y observador. El locutor le dirá: "¡Apague la radio!", pues ninguna conversación inteligente será posible hasta que el oyente deje de intentar estar en dos sitios a la vez.
Recuerdo que una vez le preguntaron a una actriz cómo era capaz de llorar ante la cámara y hacer que lágrimas reales recorrieran sus mejillas. Sin duda ella sabía que se trataba de una situación fingida, que no había nada por lo que llorar. Pero con todo sus lágrimas eran reales. "Es mi trabajo -dijo-. Soy actriz." Pero la pregunta seguía ahí, ¿cómo lo hacía? "Bien -dijo-, recito un pequeño poema francés. A cada línea aprieto los músculos de mis ojos, y contraigo las pestañas en una expresión de disgusto. Me había entrenado utilizando un tipo de rutina biofeedback... afianzando cada paso mientras visualizaba las lágrimas. Fijaba mi atención en el poema, y entonces, después de unas pocas líneas, ¡Voila!, lágrimas." El poema era Au Claire de la Lune y las líneas específicas que servían para el truco eran, traducidas del francés: "Mi vela está muerta. No tengo más fuego. Por amor de Dios, abre la puerta." A mí no me pareció particularmente triste pero evidentemente esto desgarraba su corazón.
Decidí que necesitaba un truco similar para mantener mi atención en mi mente y en mi tarea. Solo podía haber música.
Me visualizaba dando un paso hacia el escenario... como si me estuviera acercando a la entrada de la cueva de Aladino. Deliberadamente echaba los hombros hacia atrás, tomaba una respiración profunda, empujaba la lengua contra el paladar y cerraba la mandíbula, estableciéndola en el modo de determinación. Metía la cadera, haciendo que la curva de mi espalda se arqueara hacia atrás en vez de hacia delante. Fingía una ligera sonrisa estirando un poco la boca y contrayendo los músculos de alrededor de la nariz y de los ojos, hasta que mi mirada se entrecerraba en ese asana de "yoga facial" que estimula la emisión de endorfinas. Estas hormonas naturales siempre conducen a una postura confiada y elevan el ánimo. Y entonces me visualizaba caminando hacia el micrófono, diciendo a cada paso: "Abrete Sésamo... sí, ábrete. Abrete, Sésamo, sí, ábrete para mí..." Y mientras la banda comenzaba a tocar una gran roca se apartaba dejando libre la entrada de la cueva, después entraba en ella con seguridad, como si estuviera en mi refugio. Y a la señal cantaba dentro de la cueva. Y todo lo que podía oír era la música resonando maravillosamente.
Esto fue lo que hice: me entrené para ir a mi interior y permanecer allí... segura en mi Refugio Búdico. No, no mejoré mi voz, pero estaba sobremanera equilibrada. A menudo pensaba que obtendría un público mayor y más apreciativo si tan solo me quedaba allí y demostraba mi truco de equilibrio. Pero ese no era el problema que estaba intentando resolver. Necesitaba conquistar mi ansiedad y obtener una nueva perspectiva sobre mi habilidad musical. Y en eso tuve éxito.
Después, se hizo simple entrenarme para entrar en trance... para sentarme en un cojín de meditación y dejar a un lado esos revoltosos pensamientos que acostumbraban retarme, dejando de verme desde afuera, observándome en el acto de observarme. Mentalmente me ponía en la Cueva - o en la Zona, como lo queramos llamar.
Este problema de vernos desde afuera y preocuparnos sobre cómo nos ven los demás ha estado rondando largo tiempo. Chuang Tzu lo describe como "la necesidad de ganar".

Dice (siguiendo la traducción de Thomas Merton):

Cuando un arquero dispara por nada
Tiene toda su habilidad.
Si dispara por una hebilla de bronce
Ya está nervioso.
Si dispara por un premio de oro
Se vuelve ciego
O ve dos objetivos -
¡Está fuera de su mente!

Su habilidad no ha cambiado. Pero el premio
Le divide. Se preocupa.
Piensa más en ganar
Que en disparar -
Y la necesidad de ganar
Le resta poder.

No importa qué tarea tengamos que realizar, mientras pongamos nuestra atención en el exterior, en la mente de los demás en vez de mantener nuestra atención donde debería estar, segura en nuestro interior, en nuestra Mente Búdica, sufriremos ansiedad y haremos confusión de las cosas.
Todo lo que hace falta para solventar el problema es una concentración feroz, un truco de postura, y las palabras mágicas repetidas como un mantra. "Por amor de Dios, abre la puerta."