lunes, 8 de noviembre de 2010
Ansari y la búsqueda de ti mismo
Quieres obtener el conocimiento de ti mismo. Puedes obtener lo primero cuando hayas logrado lo último. El jeque Abdullah Ansari, de Herat, en común con todos los maestros Sufis clásicos, insiste en que debes verte a ti mismo con ojos ajenos, es decir, apartado de tu presente forma de observar las cosas; de otro modo tu fijación con este yo secundario sólo aumentará su fuerza y empañará tu comprensión objetiva.
domingo, 7 de noviembre de 2010
sábado, 6 de noviembre de 2010
Suplicas acumuladas
Era una costumbre establecida en cierto lugar que la gente visitase un santuario y rezase pidiendo buena fortuna.
Hacían una ofrenda al derviche, que cuidaba el lugar, para su mantenimiento y por caridad.
Tras muchos años de esa tradición, cuyos orígenes ya se habían olvidado, llegó un hombre verdaderamente necesitado.
Pero él no pidió nada.
En el momento de su llegada, un individuo caritativo se le aproximó.
El hombre caritativo dijo:
- He hecho voto de dar todo mi dinero en este lugar a la primera persona que encontrase.
Donó cada una de las monedas e su fortuna al hombre verdaderamente necesitado.
Uno de los discípulos del derviche le preguntó por el significado interior de esta transacción.
El derviche lleno de sabiduría le dijo:
- Las suplicas acumuladas estaban aguardando a un hombre necesitado que no pidiese. Tan pronto como apareció, las aspiraciones correctas operaron y las oraciones fueron capaces de tener un efecto verdadero.
- Pero la gente cree que es el santuario mismo el que les trae buena fortuna – objeto el espectador.
- Trae buena fortuna a aquellos que la merecen. Los indignos atribuyen su suerte a haber estado en el santuario. Pero la asignación es a menudo diferente al origen.
jueves, 4 de noviembre de 2010
Necesidad del aspirante de aprender a cómo aprender
Una saga que trata de las "visiones del más allá" se encuentra en una serie de historietas sobre el Mulla Nasrudín, quien cumple el papel del ser humano que ve el mundo en una cierta manera -como lo hacemos todos- mientras que la realidad es muy diferente.
Nasrudín es un joven tonto que la madre manda al mercado a vender una pieza de paño que ha tejido. Andando por el camino a la ciudad Nasrudín encuentra otro viajero con el que comienza enseguida a conversar. Las palabras del joven son tan poco realistas que el otro se da cuenta enseguida de poder engañarlo.
"Dame esa tela, tu no la necesitas", le dice. Nasrudín, que se cree inteligente, responde:
"¡Un momento, amigo! Mi madre me ha dicho de venderla por que necesita el dinero. Somos pobres ¿sabes? No sería un acto responsable regalarla".
"Muy bien -dijo el hombre- Te daré veinte monedas de plata, pero como nos las tengo aquí con migo ahora, te las daré la próxima vez que nos veamos" ¡Veinte monedas de plata! Esto le parece a Nasrudín una gran oportunidad pues su madre le ha dicho que podrían obtenerse, a lo sumo, tres monedas de plata.
"Entonces la puedes tener -responde Nasrudín, agregando con mucha astucia- aunque estoy
perdiendo dinero", cosa que ha sentido decir a los mercaderes cuando concluyen un negocio.
"Bien, me voy" -dice el hombre.
"¡Alto ahí!" responde Nasrudín, dado que le ha venido en mente otra idea "Debo saber tu nombre para poder reencontrarte"
"Es fácil -dice el otro- Yo soy Yo, ahora ya sabes quien soy".
Nasrudín, satisfecho de su trabajo, se vuelve a la casa a contarle a la madre lo que le ha ocurrido.
"Todo lo que tengo que hacer es encontrar a "Yo" y hacerme pagar"
"¡Qué tonto! -exclama la madre- ¡Todos se llaman "yo"! Tu eres "yo" para ti mismo, Yo soy "yo" para mi misma, y también aquel hombre es "yo".
"Esto es demasiado complicado para mi -responde Nasrudín- Pero mañana iré a buscar a "Yo" y me pagará".
Al día siguiente, Nasrudín parte para el mercado, y a mitad de camino se encuentra un hombre sentado a la sombra de un árbol. Nasrudín, que además era obtuso, no recuerda el aspecto del hombre que se había llevado su tela.
"Este hombre -piensa- podría ser él" y decide asegurarse. "¿Quién eres?" le pregunta al hombre. Al otro no le cae bien un encuentro tan directo y le hace señas de que se vaya: "No te importa. ¡Fuera, fuera!".
Nasrudín, que ha sido educado por su madre, considera que siempre se deba responder cortésmente a una pregunta. El hombre se estaba comportando mal. Así que Nasrudín levantó una gran piedra y, sosteniéndola sobra la cabeza del viajero le pregunta: "¿Quien eres? Creo que tu eres Yo".
"Está bien -responde el hombre poniéndose nervioso- si eso te place, yo soy Yo".
"Es lo que pensaba. Ahora, dame las veinte monedas de plata"
Convencido de que Nasrudín sea un peligroso lunático, el hombre le arroja presuroso las monedas y escapa contento de haber salvado la vida.
Es importante notar cómo Nasrudín viene generalmente ignorado y deplorado por los estudiosos, y además decididamente poco amado por los pomposos clérigos que no tienen sentido del humor. En esta historia en cambio, el lector está en grado de saborear algo de la idea que los Sufis tienen de la vida, del pensamiento y del comportamiento, experimentando lo absurdo de la presunción en acción.
Un término frecuentemente usado para definir al aspirante, es Buscador (Salik). Aquellos que, aunque siguiendo ejercicios u ocupándose de cuestiones Sufis, no han recorrido el Camino hasta el final, no pueden llamarse Sufis. "Sufi" es el nombre que se le da al Ser Humano Realizado. En palabras Sufis: "Quien se autodefine Sufi, no le es". No obstante ello, el mundo está lleno de personas así, que por siglos han sido numerosas.
Idries Shah
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Un prado para las gacelas,
Un monasterio (cristiano) para los monjes,
Un templo para los ídolos (paganos)
La mezquita de la Meca para los peregrinos (islámicos)
Las Tablas de la Torah (hebrea) y las páginas del Corán
Yo sigo la Fe del Amor
Cualquiera sea el aspecto que éste asuma,
Allí está mi religión y mi fe.
Ibn al-Arabi
lunes, 1 de noviembre de 2010
sábado, 30 de octubre de 2010
El éxtasis ha pasado, pero tus pensamientos lo evoca,
pregúntales sobre ello, o invócalo tú mismo.
Cuando la tristeza te asalte, si eres sabio,
te preguntarás en ese momento colmado de tristeza
diciendo, “oh tristeza, ahora niegas
tu porción de gracia que te fue dada del Perfecto,
aunque cada momento no sea para ti una alegre primavera;
sin embargo, ¿qué es tu cuerpo sino como un montón de rosas, un
depósito?
Tu cuerpo es un montón de rosas, tu pensamiento agua de rosas;
qué extraño seria si el agua de rosas ignorase al montón de rosas.
RUMI
jueves, 28 de octubre de 2010
Consejo 86
“Aquel que mide sus palabras no será golpeado por la respuesta”.
Hasta que estés seguro de que es correcto
hablar, no debes abrir la boca.
Si eres veraz, y aprisionado, es mejor que
decir una mentira y ser liberado.
martes, 26 de octubre de 2010
Utilizar el ser esencial
La mayoría de ustedes están familiarizados con la analogía que nosotros usamos de la técnica de la mancha de aceite: si tienen un trozo de tela o papel y le ponen gotas de aceite en diferente lugares, durante un periodo de tiempo tenderán a reunirse y al final se juntaran, inicialmente podrían considerarse como entidades individuales que están separadas o aisladas unas de otras, pero al juntarse, cada mancha o circunstancia trae consigo la experiencia de cómo viajó o porqué se reunió.
¿Existe una motivación para que se reúnan? Si se reúnen y como lo hacen depende en gran medida de la textura del material en el que dejan caer el aceite. Si lo dejan caer sobre una superficie metálica es muy probable que las manchas finalmente se unan de manera casi accidental.
domingo, 24 de octubre de 2010
Sin cadenas
Un Sufi es aquel que no está encadenado y que a su vez es inocente de mantener atados a otros.
- El sufismo no puede ser descrito en términos de doctrina ni en forma de ceremonial.
- La doctrina necesita adiestramiento de tipo superficial, el ritual necesita práctica repetitiva.
- Sufismo es algo que está en la creación, no algo que es aplicado a los resultados de la creación.
El horno está caliente, haz pan.
viernes, 22 de octubre de 2010
Cuento 11
Aunque un hombre pueda estar a salvo de la perversidad de su corazón,
No estaría a salvo de los malos pensamientos de sus enemigos.
Un hombre puede contenerse de una acción
Pero no puede contener las lenguas de los hombres.
jueves, 21 de octubre de 2010
Comprender con el corazón
Los resultados del encuentro con el Sufi pueden o no ocurrir en un tiempo o lugar deseados por el aprendiz. Pueden o no ocurrir de inmediato. Pueden suceder otras cosas antes de que pueda percibirse todo el beneficio del encuentro.
Uno de los factores mas obvios que operan en tales relaciones està señalado en un cuento titulado “El granado”, de mi libro The Dermis Probe.
No se bien cual es el cuento al que alude, buscando en el libro La Exploración Epidérmica encontré este que me parece que es el que Idries Shah dice, no se si es o no porque con el titulo El granado no figura ningún cuento en ese libro.
Granadas
Un discípulo fue a la casa de un medico Sufi y le pidió convertirse en aprendiz en el arte de la medicina.
- Eres impaciente – dijo el doctor – así que no alcanzarás a observar cosas que necesitas aprender.
Pero el joven suplicó y el Sufi consintió en aceptarlo.
Después de unos algunos años el joven pensó que podía ejercitar algunas de las habilidades que había aprendido.
Un día un hombre estaba caminando hacia la casa y el doctor, observándolo en la distancia dijo:
- Ese hombre está enfermo. Necesita granadas.
- Tú has hecho el diagnostico. Deja que le prescriba, y habré hecho la mitad del trabajo – dijo el estudiante.
- Muy bien – dijo el maestro – siempre que recuerdes que la acción también debe ser considerada como ilustración.
Tan pronto como el paciente llegó al umbral el estudiante le hizo entrar y dijo:
“Usted está enfermo. Tome granadas”
- Granadas – grito el paciente – granadas para ti ¡tonterías! Y se marchó.
El joven preguntó a su maestro cual había sido el significado del intercambio.
- Lo ilustraré la próxima vez que tengamos un caso similar – dijo el Sufi.
Al poco tiempo estaban los dos sentados en el exterior de la casa cuando el maestro levantó su mirada y vio a un hombre que se estaba aproximando.
- Aquí hay una ilustración para ti – un hombre que necesita granadas – dijo él.
Al paciente se le hizo entrar y el doctor le dijo:
- Puedo ver que usted es un caso difícil e intrincado. Veamos… si, usted necesita una dieta especial. Esta debe ser compuesta de algo esférico, con pequeños alveolos en el interior, un producto natural. Una naranja – eso sería el
color erróneo… los limones son demasiado ácidos…Ya lo tengo: ¡granadas!
El paciente se fue, complacido y agradecido.
- Pero Maestro- dijo el estudiante - ¿Por qué no dijo usted “granadas” inmediatamente?
- Porque – dijo el Sufi – él necesitaba tiempo, además de granadas.
lunes, 18 de octubre de 2010
Lectura del pensamiento
Maulana Sirajuddin nos cuenta que cierto día fue al jardín de Hisamuddin y se trajo de allí un manojo de flores; y pensó que Maulana estaría en casa de Chalabi. Entró allí y se encontró con que había eruditos importantes sentados con Maulana y que Maulana daba una disertación sobre el significado místico de las cosas; y que los discípulos tomaban notas sobre la disertación.
- Y me olvidé del ramo de flores que traía envuelto en mi pañuelo – siguió contando Sirajuddin – Y Maulana volvió la cara hacia mí y comentó que el que viene de un jardín debe traer flores, del mismo modo que se espera que el que viene de una tienda de un vendedor de dulces traiga consigo algunos dulces. Aquel comentario asombró a Sirajuddin; que, presentando sus respetos a Maulana, puso las flores ante él, y entonces cantaron canciones místicas.
viernes, 15 de octubre de 2010
La vaca y el león
Cuando el hombre volvió al establo, estaba a oscuras y entró a tientas. Tocó con las manos todas las partes del león, y le pareció que estaba tocando a su animal.
El león pensó:
- Si supiera quién soy, no me acariciaría. Si lo hace es solo porque estamos a oscuras, y porque se imagina que debo ser su animal doméstico.
