Por estar tan abstraído en sus estudios, no podía ejercer ninguna ocupación lucrativa, que le aportara ganancias.
Una noche al llegar a su casa, su esposa le colocó enfrente una fuente cubierta con una servilleta. Tomo la servilleta y se la puso alrededor del cuello; entonces vio que la fuente estaba llena de plumas y papel.
- Puesto que esto es lo que haces todo el día – le dijo – trata de comértelo.
A la mañana siguiente, el estudiante fue, como de costumbre, a aprender de su maestro. Aunque las palabras de su mujer le habían entristecido, continuó siguiendo el patrón de estudios acostumbrado y no salió a buscar trabajo.
Después de unos minutos de escribir, encontró que su pluma no estaba funcionando correctamente.
- No te apures- le dijo el maestro – Ve al rincón, trae la caja que encontrarás allí y póntela enfrente.
Cuando se sentó y abrió la tapa de la caja se encontró con que estaba llena de comida.